Universitarios de la Universidad de Valladolid construyen un coche solar


85 estudiantes preparan un coche para competir en el torneo internacional Fórmula Student

El equipo que está creando un vehículo que funciona con energias renovables, lo integran la mayor parte estudiantes de la Escuela de Ingenieros Industriales, aunque también cuentan con alguno de Económicas y están abiertos a acoger a algún futuro letrado y periodista para que les ayude con las subvenciones, documentación, estatutos y demás complejidad empresarial.

Sin salir de la Universidad de Valladolid tienen el objetivo de construir un bólido capaz de competir en Barcelona en la Fórmula Student. Su diseño se acerca más a un Kart de competición que a un Fórmula 1, pero  que tendrá que pasar pruebas estáticas, de rodaje y un análisis concienzudo del plan de viabilidad de un proyecto que tendrá enfrente a gigantes internacionales. Y es que en Alemania o Francia las universidades promueven equipos que reciben apoyo, caso de los germanos, de grandes multinacionales como Volkswagen o Mercedes. «Tienen presupuestos de sesenta mil euros», confiesan los responsables de administración de esta asociación-empresa, ‘Pi-suerga Sport’. (Lo de Pi es por el número pi). «En Sevilla había un equipo que tenía unos 30.000 euros de presupuesto». La base son unos veinte mil.

Para poder cobrar la subvención que les posibilite poner en marcha el proyecto, los estudiantes han tenido que constituirse en asociación, lo que ha permitido a la Universidad de Valladolid anticipar 1.500 euros para el primer pago de la inscripción. Tras este paso el equipo ha hecho «networking»: llamar a las puertas adecuadas, intercambiar tarjetas de visita, pedir favores…

El equipo ha contado no sólo con dinero, sino con demás  aportaciones igualmente importantes. En la puesta de largo del equipo, a la que acudieron casi la mitad de sus integrantes, había representantes de algunos patrocinadores y colaboradores. Pedro Díez, de Lingotes Especiales, explica que su empresa les ayudará con el sistema de frenado. «Nosotros siempre apoyamos estos proyectos de gente que quiere hacer cosas, fabricar, crear, que tiene ideas… Pensamos que esa es la forma de tirar para adelante y para ellos es una experiencia muy buena porque van a conseguir acercarse un poco a la problemática de la empresa. Van a ver esa traslación del conocimiento teórico a cómo se hacen realmente las cosas».

Juan Velázquez, de Desguaces Velázquez, ha puesto el motor, que ahora tiene que ser desmontado, puesto a punto y preparado, porque el bólido tiene que alcanzar una velocidad de bólido o de lo contrario no pasará la prueba. Le ha convencido tanto el empeño de estos chavales que sopesa echar algún cable más. «Seguramente les dejaremos algún vehículo para transportar el coche después a Barcelona», dice.

También está Diego Solís, de Indemat, que se encargará de construir el molde para el chasis de composite. «Nuestra aportación será la fabricación del modelo, haremos el molde para sacar la pieza de composite, lo que es la carcasa del automóvil». Él, como los otros patrocinadores, observa con preocupación el cronograma que marca tareas y plazos, pero al mismo tiempo confía en que lleguen a cumplir el reto. Indemat tiene, además, un doble objetivo con esta aportación. «Los proyectos universitarios son un buen sitio en el que tantear a la gente y ver cómo está el mercado. Cuando vamos a buscar un técnico especializado en composites, la mayoría no sabe qué es eso. Está bien que lo vean, es un campo que en el futuro puede extenderse bastante», explica.

Adolfo Redondo, director de la Escuela de Ingeniería, asistía a la foto de equipo. Los estudiantes han conseguido que les convaliden la actividad como prácticas de empresa. No es para menos. La competición a la que aspiran exige tener una estructura empresarial completa. «Todo es en inglés. Hay que hacer una presentación del plan de negocio en quince minutos, y es como una especie de salón del automóvil», explican. Son las pruebas estáticas, que dicen.Luego están las dinámicas. De resistencia, de consumo de combustible, un ‘crash test’ con el morro del coche…

A la aventura se apuntaron 120 estudiantes. De ellos, 85 han seguido adelante con un proyecto que exige una tremenda dedicación si se quieren cumplir los plazos. Y la organización es inflexible en eso. Confían en poder llegar a tiempo, en presentar el coche y en hacerlo con las suficientes garantías. Necesitan, eso sí, mucho más apoyo aún. De otras empresas, de otros estudiantes, de la propia Universidad. Mientras unos preparan el motor, perfeccionan el diseño o cuadran los cálculos, otros siguen llamando a puertas. «Esto es la base para crear unas prácticas para cien alumnos», defienden.Solo que esta vez son unas prácticas con grandes dosis de realidad. Por eso hacen falta el organigrama, y el cronograma…

Noticia: El Norte de Castilla

Escrito por Mariló Cortés
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